Buenos días Esmeraldas

verde

Esmeraldas, Ecuador

La región de Esmeraldas, en Ecuador, es también conocida como la región verde. La ciudad, ubicada en la costa, lleva su mismo nombre. A unos siete kilómetros se encuentra el Valle de San Rafael. Un lugar donde escasea el alcantarillado, el acceso a agua potable, el alumbrado público, los pasos de cebra y las aceras, entre otros servicios básicos.

La Comunidad Salesiana, ubicada en el propio valle, hace frente a esta realidad tan descabellada. A través de la Escuela, el Colegio, la Formación Profesional, la Parroquia y la Central Juvenil se ofrece una alternativa a la vida de calle. Responden también a la creación de un espacio donde la indiferencia, los gritos y los golpes, se transforman en seguimiento personalizado y cariño.

La atención sanitaria depende por completo del bolsillo y enfermarse o incluso morir a causa del tétanos o la tuberculosis no es extraño. Cabe pensar entonces sobre el papel que ocupan los recursos sociales. De ahí que mi estancia, de a penas cinco semanas de duración, se orientase a la atención psicológica con niños, jóvenes y adultos. Violencia, abusos, ausencia de pautas educativas… problemas diversos y complejos que se presentaban de la mano de un denominador común: la necesidad de escucha.

Cinco semanas dedicando los cinco sentidos a cada detalle, cada movimiento, cada imagen; como absorbiendo cada instante. Mientras se vive apenas queda tiempo para el contraste. Ahora, ya de regreso, es el momento de hacer los deberes y traducir la experiencia en análisis y reflexión…

refinería

Valle de San Rafael

Amanece. Y los rayos de un nuevo día se abren camino entre el manto gris que envuelve el Valle de San Rafael. Resulta difícil distinguir entre los últimos retazos de la noche y el humo tóxico y penetrante de la refinería que centellea en el horizonte.

Se escuchan pasos, cada vez más numerosos y cercanos. La cancha pronto se llena de los más pequeños enfrentándose a un nuevo día escolar. El micrófono recuerda que es la hora de dar gracias a Dios. Se entona el himno con el balanceo de las carteras pesadas a hombros de cuerpos menudos. En fila hacia las aulas. Media hora más tarde la escena se repite, pero con mayor intensidad y algarabía. Son los pasos vibrantes de quienes años atrás abandonaron la inocencia de la niñez y adoptaron la impaciencia y el atrevimiento de la juventud. En poco más de una hora, centenares de vidas se ordenaron mecánicamente en el tiempo y en el espacio.

pies descalzosPorque a la salida les aguarda una realidad dura y pesada, que en la mayoría de los casos ya no balancea, sino que tira al suelo y causa heridas. Los uniformes se transforman en pies descalzos; el piso de las aulas en tierra; y el horario, en tiempo muerto. Apoyo escolar para los pequeños. La asistencia y continuidad dependerá de los hermanos mayores o la proximidad al local. Cada uno porta su material escolar. Una mamá, una vecina son las que acogen.

A partir de los trece años, los chicos y chicas encuentran un espacio en los grupos juveniles.La adolescencia triunfa entonces con su papel de locura. La escuela no enseñó a reflexionar, observar o criticar. Ni preparó para un análisis del exterior. Mucho menos para la escucha de uno mismo. Por eso es frecuente que las débiles relaciones mantenidas hasta ahora con la familia se traduzcan en conflicto o, transcurridos nueve meses, en responsabilidad.

Son abundantes los comercios de alimentación. También las farmacias. Las rejas impiden la entrada. No hay horario para el cierre, aunque lo más seguro es que llegada la oscuridad todo el mundo ande ya en sus casas. Los disparos y reyertas son frecuentes. De ahí que la planificación de un futuro no exceda de las cuarenta y ocho horas. Un giro postal puede ayudar entonces. Aunque no hay entrega que supla los arrullos de cuna.

solEsmeraldas. Vergel donde la agricultura y la ganadería podrían acompañar a la exportación del cacao, del camarón, la madera, el petróleo o el gas. Puerto embelesado a ritmo de salsa y marimba.Paraíso lejano de cámaras e itinerarios que albergas fortaleza y amabilidad en tu gente; sonrisas y aliento pese a sufrir la condición intrínseca del maltrato. Hogar de tanta riqueza humana mantenida entre ausencias, aprovecha tu malestar para gritarle al mundo. No esperes a mañana, no sea que no amanezca.

Tan real como que en ocasiones una siente que cuesta respirar, como si faltase el aire…

Tras varios años de intervención directa con jóvenes en situación de desamparo o exclusión social en la Asociación Pan Bendito (Carabanchel, Madrid) parece que uno “juega con ventaja”. Uno confía (relativamente) en lo vivido para poder enfrentarse a lo desconocido. Nada más lejos de la realidad. La vista no se acostumbra a los pies descalzos de los niños, a los socavones de las carreteras (causantes de tantas muertes), los cuerpos de bebés tendidos sobre el suelo de las casetas de bambú rodeados de papayas o limones, las rejas en las ventanas, los perros raquíticos por doquier y el constante y penetrante ruido.

Julio Yagüe, párroco de Pan Bendito y compañero de viaje, con quien he compartido y de quien he aprendido de las experiencias y reflexiones, comentaba en una ocasión:

… aquí la vida no tiene valor y la muerte, a veces, es un consuelo…”.

Los valores se agitan entonces, la conciencia se aturde. Una de las razones que me llevó a realizar este viaje era la de conocer de primera mano una cultura, la ecuatoriana, tan presente en nuestro primer mundo. Sin lugar a dudas, muchas de las actitudes y razonamientos observados con anterioridad en los/as alumnos/as latinoamericanos que se acercaron a las aulas de la Asociación han empezado a cobrar sentido.

Pero cinco semanas apenas sirven de aproximación a un fenómeno tan complejo como el de la migración. Somos país receptor de oportunidades, pero también de sueños fallidos, de familias rotas. Dediquémosle tiempo a mostrar nuestra realidad, nuestras circunstancias. Evitemos que se sigan construyendo castillos en el aire… o las piedras nos caerán del cielo como granizo. Y no concibo que exista conciencia humana que pueda soportar su peso.

Fuente: Boletín Salesiano. Diciembre, 2008.

 

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