Nuestras familias necesitan apoyos

Sabemos que la vida familiar es nuestra primera escuela. Influenciada por las circunstancias sociales, emocionales, jurídicas, etc. que nos rodean, van a definir unas normas y pautas de convivencia que nos permitirán conocernos a nosotros mismos, aprender la manera en la que los demás van a reaccionar ante nuestros sentimientos y comportamientos, aprender a expresar nuestros deseos, compartir nuestros temores… o quizá no. Y precisamente porque existen familias incapaces de educar a nivel emocional, actitudinal y social, la idea de considerar a las escuelas como meros agentes transmisores de conocimientos culturales y/o académicos cada vez es más remota.

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Diferentes tipos de familia

Por familia entendemos la unión de personas que comparten, haya o no lazos sanguíneos, un proyecto de vida común en el que se generan sentimientos de pertenencia, existen compromisos personales y se establecen relaciones de intimidad, afectividad, reciprocidad y dependencia.

Tanto la forma en la que los padres o tutores tratan a sus hijos, como la forma en la que la pareja o demás miembros de la familia se tratan entre sí, suponen una verdadera enseñanza y tiene consecuencias profundas y duraderas sobre los hijos, nuestros alumnos.

La realidad de nuestras familias es que no siempre sienten la necesidad de cooperar para sacar adelante a los hijos, a veces las creencias culturales evolucionan a ritmos distintos, los vínculos afectivos alteran los roles de la persona que cuida y educa y la que es cuidada y educada, la comunicación no fluye… hasta el punto de generarse, de manera bastante habitual, graves conflictos que afectan a la convivencia y generan situaciones de desamparo.

Por estos y otros motivos que puedan estar afectando al desarrollo madurativo y emocional de nuestros alumnos, resulta imprescindible ofrecer a nuestras familias un espacio de encuentro que nos permita guiarles en su labor educativa. Nuestro objetivo consiste en facilitarles información y ofrecerles herramientas que les permitan convivir con los cambios físicos, mentales y emocionales que están experimentando sus hijos adolescentes.

Si trabajamos sobre cómo aprender a reconocer y canalizar sus propios sentimientos como padres/tutores, a empatizar y manejar los sentimientos que aparecen en las relaciones con los demás miembros de la familia, estaremos abriendo camino a una mejora en las relaciones y es probable que se reduzcan las tensiones.

Nuestro objetivo como maestros y educadores consiste en establecer una relación cordial con las familias y mantener un contacto periódico con ellas para mantenerlas informadas. Es importante que busquemos la manera de trabajar de manera coordinada con las familias cuando queramos mejorar o modificar algún hábito no favorable, pero también para valorar y reconocer los logros que nuestros alumnos van consiguiendo.

Lo importante es involucrar a las familias en las dinámicas que requiera cada contrato educativo que diseñamos con sus hijos, recordándoles los beneficios de:

  • Demostrar amor: los adolescentes necesitan poder contar con su familia, que les demuestren que les interesa su bienestar. Los déficits afectivos y los errores educativos son más graves cuanto más grande es la falta de cariño. Y la falta de tiempo y/o dedicación no se compensa comprando cosas.
  • Demostrar apoyo: se les puede proteger con consejos y argumentos, guiando y educando en valores pero dejándoles que ellos tomen sus propias decisiones, sin sobreproteger. Además, necesitan elogio y reconocimiento cuando se esfuerzan, tanto en lo personal como en lo académico.
  • Poner normas: ajustados a la edad y etapa de desarrollo de sus hijos, los límites ayudan al equilibrio emocional. Comprender la manera en que los adolescentes piensan sobre sí mismos puede ser útil para los padres. Y conocer que el egocentrismo es normal en el desarrollo cognitivo de los adolescentes ayuda a los adultos a poner este comportamiento en perspectiva.
  • Dar ejemplo: porque los adultos nos convertimos en modelos y la autoridad se gana predicando con el ejemplo, no instalando los gritos en la relación familiar. La permisividad sin límites o el autoritarismo en exceso constituyen elementos distorsionantes en las conductas de los hijos, que suelen ser poco tolerantes a la frustración, reaccionando con agresividad o abandono ante el más mínimo obstáculo.
  • Enseñar responsabilidad: que se adquiere con el tiempo, pero empezaremos con el entrenamiento en casa (estableciendo pequeñas responsabilidades como ordenar y mantener limpia la habitación, colaborar con algunas tareas domésticas, participar en actividades familiares y/o sociales, etc.)
  • Facilitar experiencias: según los recursos de cada familia, conviene fomentar la participación en actividades (de ocio, practicar algún deporte o cualquier otra actividad que resulte de interés) que generen sensación de bienestar físico y/o emocional, que les haga felices y les ayude a descubrir sus talentos.
  • Respetar: los adolescentes necesitan ser tratados con respeto y que les reconozcan y aprecien sus diferencias individuales. Los enfrentamientos con los padres, las discusiones, los abandonos del hogar, la falta de comunicación… es lo que proporciona al joven un ambiente patológico de tensión.

En definitiva, apoyar a las familias en la medida de nuestras posibilidades. Los padres suelen asociar la adolescencia con conflictos y desacuerdos en el hogar, sin embargo, los estudios demuestran que cuando hay dificultades serias en las relaciones progenitores-adolescente, es muy probable que haya habido dificultades graves durante la infancia.

Una investigación de la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada) identifica que el nivel de estudios, la situación laboral, la ocupación y la renta, participan del fenómeno de la pobreza, lo que significa que la marginalidad puede transmitirse de generación en generación.

Para romper con esta tendencia, implementaremos las medidas adecuadas que permitan generar entornos favorables y elementos de estabilidad.  Apostaremos por conseguir unas condiciones de vida dignas y por la igualdad de oportunidades de nuestros alumnos, pero también de los demás miembros de su familia y su red social más cercana.

Todas nuestras familias, en mayor o menor grado, necesitan apoyos. Nuestro gran reto consiste en proporcionar, frente a la gran diversidad de circunstancias familiares, un apoyo adecuado y de calidad. Y para ello encararemos cada realidad familiar reconociendo la identidad particular de cada una de ellas, puesto que en sus propias costumbres se definen un conjunto de valores y reglas de convivencia únicos.

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