¿Sanciones económicas para padres/madres de hijos/as reincidentes con el botellón?

La Ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, anunciaba el pasado 27 de diciembre, establecer sanciones económicas a aquellos padres y madres cuyos hijos/as hayan sido encontrados bebiendo en la calle de manera reiterada y no hayan acudido a un curso de sensibilización propuesto por el Ministerio.

Una vez más parecemos empeñarnos en empezar a construir la casa por el tejado. Y es que, contando con tan elevado número de expertos en la materia, resulta obvio que cualquier medida sin una escucha y consenso previos, resulten insuficientes y sólo despierten polémica.

Sin entrar en la eterna discusión sobre cómo nuestros patrones como adultos o rutinas sociales (las Fiestas de San Fermín o de El Rocío, son algunos ejemplos) influyen en determinadas conductas adolescentes, cambiemos de enfoque para tratar de emitir respuestas.

Los adolescentes son capaces de enfocar las soluciones a los problemas, de auto-observarse, de elaborar juicios, de construir una imagen y una expresión de sí mismos únicos y diferentes a los demás, de crear expectativas de futuro… incluso cuando no han crecido en ambientes favorecedores de un sano desarrollo.

Para un joven, “no hay diferencia” entre un padre, una madre o ambos, que se pasan todo el día en el bar, cumplen con jornadas laborales extenuantes, han emigrado a otro país y trabajan para mantener a la familia o que siempre están ocupados con reuniones de negocios. 

¿Acaso estos padres acudirán a los cursos de sensibilización?

Mi experiencia como Maestra y Educadora me ha permitido advertir que los adolescentes responden muy positivamente cuando les proporcionamos espacios reales y encuentros enriquecedores que les permitan desarrollarse de manera saludable.

Ésta sí es nuestra responsabilidad, no la del Cuerpo de Seguridad del Estado, ni la de los vecinos de a pie que se conviertan en acusadores. Una vez más, resulta necesario insistir en el hecho de que existe un amplio abanico de profesionales (Educadores Sociales, Trabajadores Sociales, Mediadores, Maestros, Psicólogos, etc.) que contamos con la formación y la experiencia necesarias para abordar estas situaciones.

La prevención minimiza los riesgos y reduce la frecuencia de las enfermedades sociales como el alcoholismo. La prevención consigue que la población modifique sus hábitos, mejore su formación integral y, en definitiva, mejore su calidad de vida. ¿Existe mejor respuesta?

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