Nuestra realidad educativa

El primer día que SH (17 años, España) entró en clase, hizo un repaso al Aula y con un solo brazo tiró el material escolar al suelo. Mientras se sentaba dijo “Esto es una puta mierda y no pienso hacer nada”

BZ (17 años, España) intentaba pasar totalmente desapercibida en el Taller. Apenas hablaba, respondía con monosílabos, sonrisas y encogimiento de hombros a preguntas directas. Disimulaba fingiendo que trabajaba cuando en realidad no entendía lo que había que hacer (aunque fueran pautas muy sencillas)

EN (15 años, Ecuador) llegó por voluntad de la madre, que aseguraba que “EN  era el problema” porque las peleas con los compañeros de clase o en casa, con sus hermanos, eran prácticamente a diario. Durante la primera entrevista se derrumbó y lloró desconsoladamente. EN se suicidó en Mayo de 2015.

No se trata de casos extremos

Nuestros alumnos son adolescentes y/o jóvenes que, además de vivir las transformaciones del metabolismo hormonal y las perturbaciones del equilibrio físico y psíquico propias de la edad biológica en la que se encuentran, viven y/o experimentan otra serie de circunstancias o realidades “extra”.

Hablamos de adolescentes y/o jóvenes difíciles, violentos, gamberros, marginales, antisociales, delincuentes… lo que técnicamente se ha definido como chicos en situación de riesgo, desamparo y/o conflicto social.

Pero… ¿es apropiado seguir empleando estos términos?

La Real Academia Española define riesgo como:

  1. Contingencia o proximidad de un daño.
  2. Correr riesgo algo (locución verbal): Estar expuesto a perderse o a no verificarse.
a1Nacer en un ambiente determinado afecta al desarrollo personal de nuestros menores

Si nos paramos a revisar a nuestro alumnado, los niños y/o jóvenes atendidos a lo largo de nuestra trayectoria profesional… ¿podríamos contabilizar, aislar, los casos de estos chicos que no han presentado alteraciones emocionales, conductuales y/o psicológicas? Desgraciadamente, esta tarea resulta inapropiada por su tan reducida o nula existencia…

¿Qué quiero decir con esto? ¿Dónde quiero llegar?

Que no es del todo correcto emplear el término “en situación de riesgo” puesto que nuestros chicos nacen en unos ambientes muy característicos que, en la mayoría de los casos, van a determinar esas conductas violentas, disruptivas, inadaptadas… en definitiva, no favorecedoras para su desarrollo personal y su inclusión social.

Pero no sólo debemos contemplar el determinismo ambiental. La influencia genética, que aumenta (aunque no determina) la probabilidad de padecer trastornos mentales como la esquizofrenia o la depresión, anula por completo el empleo del concepto de riesgo. Y desde la epigenética, concepto acuñado en los años 40 que hace referencia a las alteraciones genéticas originadas por causas externas (ambientales) ocurre exactamente lo mismo.

Por otra parte, y haciendo referencia de nuevo a la Real Academia Española:

  • Desamparo (De des- y amparar) significa abandonar, dejar sin amparo ni favor a alguien o algo que lo pide o necesita.
  • Conflicto (Del latín, conflictus) contempla varias acepciones:
  1. Combate, lucha, pelea.
  2. Enfrentamiento armado.
  3. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
  4. Psicología: Coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.

En este caso, tanto el desamparo como el conflicto son conceptos que hacen referencia a la consecuencia del acto. El daño causado a un menor (abandono, agresiones) ya están presentes, ya han tenido lugar, no se presupone su existencia; y precisamente porque existen, ha habido influencia y en consecuencia, determinismo.

Existen muchas teorías que intentan explicar la etiología de las situaciones de desamparo/conflicto social.

Las teorías globalizadoras señalan la multicausalidad sin ser privativa de una clase social o de un régimen político o económico determinado, a diferencia de lo que se tiende a pensar asociando marginalidad o pobreza a inadaptación y/o conflicto social.

epigeneticaConrad Waddington (1905-1975) acuñó el término “epigenética” en 1942
 

Hasta ahora, en las conductas adaptadas o inadaptadas se admitían causas de origen genético (debidas a factores innatos o hereditarios), causas de origen psicoeducativo (alteraciones en los procesos internos del individuo y del proceso de enseñanza-aprendizaje -tanto en el ámbito familiar como en el escolar y social-) y causas de origen sociológico (nivel económico, cultural, etc.) Incluir las causas epigenéticas (factores no genéticos) y las causas transgeneracionales (lo aprendido de generaciones previas a nuestros progenitores) abre nuevos campos de investigación pero también, de intervención educativa y social…

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